Antes de regalarnos la maravillosa saga de fantasía “Canción de Hielo y Fuego” y también la excepcional “Muerte de la luz” dentro del ámbito de la ciencia ficción, Martin nos trajo “Sueño del Fevre”, una historia que retoma el mito de los vampiros dándole otra vuelta de tuerca en un escenario, en un principio, tan poco atrayente y motivador como el de los vapores surcando el río Mississipi.
Lo cierto es que tras leer las primeras páginas, y siendo ya conocedor de la prosa que destila este hombre, las marcas del autor se dejan ver a cada paso que vamos dando a lo largo de la novela. Si hay algo que caracteriza a Martin por encima de muchos otros autores es la creación de personajes. “Sueño del Fevre” no iba a ser una excepción, y si bien, la que nos ocupa quedaría a la cola en cuanto a calidad de las novelas que hemos nombrado, esta historia de vampiros conmueve y emociona, sobre todo en su tercio final.
No nos llevemos a engaño. Martin, a pesar de que la novela ronda las 350 páginas, se toma su tiempo para ir presentando a los personajes protagonistas (me atrevería a decir que son Abner Marsh, Joshua York, Billy Vinagre y Damon Julian), y no es cuando hemos sobrepasado el ecuador del relato cuando nos descubrimos ante ellos totalmente implicados en sus actos y las consecuencias de los mismos. Quiero decir con esto que a la novela le cuesta entrar, pero dándole un mínimo de paciencia para que el autor pueda ajustar las piezas, la recompensa es mayúscula.
Como digo, los primeros capítulos transcurren lentos, pero las últimas 120 páginas son un tiro. Cuando se produce el inevitable enfrentamiento entre los personajes, las consecuencias son brutales y despiadadas, sin ahorrarnos ningún tipo de detalle, convirtiendo esos personajes a inicio algo harapientos y extraños, en entrañables y temibles en base a su naturaleza.
Un Abner Marsh gruñón que lo único que le importa es el río y su vapor, siendo espectadores de su cambio gradual a lo largo del relato en consecuencia a los actos que ve, y a los suyos propios. Un Joshua York esperanzado a inicio, tremendamente reservado, y que descubre aspectos de su propio ser y de Marsh que jamás llegaría a vislumbrar. Un Billy Vinagre harapiento, la típica escoria que inunda este tipo de novelas, cuyo hogar siempre son los bajos fondos de la ciudad de turno, y cuyo único anhelo es vengarse de todos aquellos que se hubieran burlado de él en el pasado, y un Damon Julian hipnótico en su antagonismo y brutal en sus acciones y su falta de moral.
Como digo, uno de los puntos fuertes del libro son los personajes. Pero por otra parte, la narración de Martin fluye poderosa en el relato. Se le ven ciertas tendencias, como el hecho de narrar la historia desde el punto de vista de sus personajes. Y es un detalle que merece la pena detenerse un momento, puesto que es curioso cómo, a lo largo de la novela, conoceremos estos puntos de vista, sobre todo, de dos personajes, dos antagonistas dentro de su mundo como son Billy Vinagre y Abner Marsh, vehículos fundamentales para los personajes de Damon Julian y Joshua York respectivamente, estando tan relacionados unos con otros que, al final de la novela, es más que complicado imaginarse a unos sin los otros. De este modo, Martin pone en interacción ambos mundos, el de los vampiros y el de los humanos, desde dos perspectivas totalmente diferentes. Y esto gente, es una delicia. Todo ello culmina con un final precioso y melancólico a partes iguales que disipa por entero las dudas que pudiéramos tener al inicio del libro.
Toda una pequeña joya, este “Sueño del Fevre”, para todo aquel que disfrute con la prosa de Martin, ha de convertirse en un imprescindible que, al menos, debe darle una oportunidad. Lejos de esta novela quedan las modas pasajeras sobre el mito de los vampiros que nos asolan hoy día, pero estoy seguro, “Sueño del Fevre” seguirá presente cuando éstas se hayan desvanecido.


