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La Crítica de la razón pura: Estética trascendental (TEXTO)
En la obra Crítica de la razón pura Kant hace un análisis trascendental del conocimiento y cuáles son las condiciones de posibilidad de todo conocimiento científico.
La posibilidad de la ciencia supone la posibilidad de los juicios sintéticos a priori. Por eso, la pregunta fundamental de la crítica de la razón pura será ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori? Ya que la tarea propia de la razón pura se contiene en esta pregunta: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori? (C.R.P., Introducción, VI.)
Esto enlaza con el problema fundamental que Kant se había propuesto para resolver: la posibilidad de la metafísica como ciencia. ¿Son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica?
Kant basará su teoría del conocimiento en distintas funciones o facultades: la sensibilidad, el entendimiento y la razón. Cada una de estas facultades se corresponde con un apartado de la Crítica de la razón pura.
En la estética trascendental responde a la pregunta ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las matemáticas? Por lo que se hace una crítica a la sensibilidad al descubrir sus formas puras a priori: espacio y tiempo.
Para ello Kant analiza la sensibilidad desde un punto de vista trascendental. Kant considera que, aunque el contenido de la realidad de nuestros conocimientos ha de provenir de la experiencia, sin embargo, la universalidad y necesidad de ella habrá de provenir del cognoscente mismo, de la razón, que es igual para todos los hombres.
Aquí se produce lo que Kant mismo consideró el giro copernicano de su filosofía. En la filosofía anterior (Aristóteles, Tomás de Aquino, Descartes…) la mente humana se comportaba pasivamente, era una tabula rasa que se determinaba y llenaba de contenidos, adquiriendo la forma (se in-formaba) de los objetos que conocía.
Kant invertirá los papeles: a partir de ahora es la mente, el cognoscente humano el que determina activamente la realidad que ha de ser conocida.
A lo que es dado y que se presenta indeterminado de suyo Kant lo denomina la materia del conocimiento. A lo que pone el sujeto en el acto de conocer, y que no corresponde a lo dado en sí, lo llama Kant la forma del conocimiento. Esta forma es un principio a priori del propio cognoscente.
El cognoscente es un sujeto activo que introduce su propia estructura en la realidad. Pues bien, la sensibilidad es una facultad receptiva puesto que puede ser afectada por un dato empírico. Nuestra mente lo primero que hace es recibir impresiones o sensaciones que nos son dadas (materia) del exterior. A través de una intuición empírica nos relacionamos inmediatamente con lo dado en sí, con los “objetos” a través de los sentidos.
Sin embargo, el dato empírico se caracteriza por ser diverso, caótico y por estar desprovisto de necesidad y universalidad. Se trata de un dato contingente, particular y empírico. Pero la sensibilidad no se agota en esto. El sujeto recibe estos datos ordenados y unificados bajo una coordenada espacio-temporal. El espacio y el tiempo son las formas puras a priori de la sensibilidad.El sujeto humano no puede conocer ningún dato empírico que no esté previamente subsumido bajo la forma de espacio y tiempo.
¿Qué significa que el espacio y el tiempo son formas a priori de la sensibilidad?
1. Que el espacio y el tiempo son formas significa que no son datos empíricos o Impresiones sensibles particulares (colores, sabores, sonidos, etc.), sino los modos como percibimos todas las impresiones, tanto internas como externas. Son formas porque pertenecen a la estructura del cognoscente y no a lo dado exteriormente.
2. A priori significa que son independientes de la experiencia. Son la condición previa a toda experiencia posible. Esto implica que el espacio y el tiempo no son ni substancias, ni propiedades reales de las cosas, sino leyes del propio sujeto que pertenecen y expresan su propia estructura.
El espacio es la forma a priori de la sensibilidad externa y el tiempo es la forma a priori de la sensibilidad interna y externa. Ambas, espacio y tiempo, son intuiciones puras de la sensibilidad, es decir, se aplican directamente a los datos sensibles unificándolos y sintetizándolos en una unidad empírica.
Que es una intuición pura significa que es una representación en la que no se encuentra nada perteneciente a la sensación. El espacio y el tiempo no son conceptos del entendimiento, pues es la condición sin la cual no sería posible concepto alguno.
Todo ello nos lleva a negar la posibilidad de conocer la realidad en sí misma, sin que el sujeto la haya ya sometido a sus propias leyes y estructuras.
A la cosa en sí, lo dado, lo denominó Kant noúmeno. Kant no negó su existencia, pero admitió la imposibilidad de conocerlo. Nuestro conocimiento versa sobre fenómenos, esto es, los objetos tal y como se nos aparecen a nuestra sensibilidad, es decir, lo nouménico sometido a las leyes del propio cognoscente.
Debido a lo anterior una estética que se preocupa por las formas de sensibilización y por ende en la experiencia, ya que de la sensibilidad entendida Kantianamente parte toda experiencia. Resulta pieza de toque el texto Kantiano.
Texto Critica de la Razón Pura completa. aqui
http://es.scribd.com/doc/57221545/Critica-de-la-razon-pura
Libros Libres XVII
Piénsalo…esos libros que guardas…¿no sería mejor que alguien los lea? ¿qué quisieran sus autores?
Obvio que las editoriales prefieren editar y vender 40 veces cada título, pero es contaminante por donde se le mire, es la lógica del consumo creciente que no necesitamos.
Libros Libres
Lunes 30 de enero, 19:30
RUKALIHUEN Casa de Luz, Cochrane 791 Concepción
La pelea legal para evitar que se publique la obra de Hitler
El ministerio de Finanzas del estado alemán de Baviera, responsable de los derechos de “Mein K
Ulises. James Joyce

Una cita: Look at the sea. What does it care about offences?
Empezar por el Ulises es como echar el cierre antes de la apertura, como decir en vez de enciende, apaga y vámonos, porque no hay otro libro como éste: un libro que sin querer cuestionar nada, un libro-juguete, un libro-divertimento, sin embargo ponga tan patas arriba la literatura. Todo esto es una broma, dice Joyce. Y nadie le cree. El Ulises es la Fontaine de Duchamp de la literatura si Duchamp hubiera tenido alguna vez alguna elegancia. Desde el principio es una fiesta, el banquete de palabras glorioso al que te invita un mago de la cocina verbal, y quien no asista a él con gracia e inclinación por la felicidad se irá desairado y dando portazos. Buck Mulligan. Esa Molly. Mi Stephen. El color verde moco. El jabón y los riñones. Ulises no es un libro para esnobs, ni un libro para intelectuales, no es un club para señores estirados; podrían dedicar 35 años de su vida a investigar referencias y llegarían al mismo lugar donde empezaron: a la fiesta. El Ulises es para los que le dieron vuelta a la palabra, para los que no pueden vivir sin literatura: un libro sin fin, lleno de referencias universales y privadas, un libro que si se intenta desentrañar pierde el brillo y si no se intenta desentrañar no tiene brillo: si conoces el secreto del truco, ¿disfrutas más o menos del truco?
Bloomsday, ese día anual de la fiesta que convoca en mi recuerdo siempre la primera vez que empecé a leer este libro, las tres horas que pasé de pie delante de la estantería de la biblioteca pública donde encontré el primer tomo. Tenía 17 años y había escuchado a alguien diciendo que era un libro difícil y me antojé. Lo es, pero yo ya me reía a las carcajadas desde esa bata flotante y desatada del primer capítulo (el laberinto caracol que sube a la torre forma parte de mi acervo metafórico). No me parece que haya que ser muy valiente para ponerse a leer el Ulises, ni que haya que tener talentos especiales, pero sí que es como vivir: todo el mundo puede hacerlo, sólo que a algunos les sale mejor que a otros.
Pedagogía de la esperanza
Este libro trata de crear las bases para acabar con una escuela que oprima, reprima, adoctrine y homogeinize, para construir una que se funde en la participación y en el cambio. Freire rechaza tajantemente una educación autoritaria donde el alumno a modo de depósito reciba los saberes dictados.

